El viaje comienza el Sábado 29 de Octubre de 2011 en metro Villanowska, Varsovia, donde nos dispusimos a coger el maravilloso polskibus que a todos sitios nos lleva por un precio muy económico. Todo comenzó sobre las 20.30 del citado día, y llegaríamos a nuestro destino 12 horas después (qué infierno), que por suerte se convirtieron en 13 por el cambio de hora que fue esa misma noche (¡viva!). Habiendo acabado la cómoda travesía entre tortícolis y lumbalgias, llegamos a Praga a las 9.30, cansados y famélicos. Tras media hora caminando, llegamos al hostel "Clown and Bard", situado en Calle Bojoricova, donde desayunamos por tan sólo 2 eurillos (50 coronas aprox.), tras lo cual nos dispusimos a conquistar la ciudad.
Lo primero que pudimos observar después de un rato caminando, fue el puente de Carlos IV, que se alza sobre el río Moldava (en Checo: Vltava) y en el que se pueden apreciar una gran cantidad de esculturas a ambos lados. Paseamos por la Malá Strana, la plaza principal con el reloj astronómico, que provoca un verdadero cúmulo de gente a cada hora en punto para ver el breve espectáculo que nos ofrece.
También visitamos el casco antiguo y la casa de Kafka. Al llegar la hora de comer, nos sentamos en un escalón, y como buenos mochileros, nos zampamos nuestro táper de ensalada de pasta, con pastelito polaco de postre, y para refugiarnos del frío que empezaba a caer sobre la ciudad, pasamos media tarde en el Starbucks. Cuando se nos pegó el culo al asiento, decidimos que era hora de moverse y seguir de turismo, para perdernos de camino al castillo de Praga, que finalmente encontramos cuando ya no había luz ni para ver la verja... por lo que decidimos dejar la visita para el día siguiente, junto con el barrio judío.
Tras una dura noche y un largo día, llegamos al hostal para descansar, y bien que lo hicimos...
Al día siguiente, con sólo 30 coronas en el bolsillo, (1 euro y pico), que debían florecer para darnos las 35 que nos costaba la consigna de la maletas en la estación, nos dirigimos al barrio judío, que resultó no tener mucho que ver, excepto algunos edificios muy bonitos e históricos y algunas calles peatonales llenas de tiendas de moda, de modo que fuimos a ver el castillo, donde pudimos apreciar el cambio de guardia e incluso robarle alguna fotillo al de la garita.
La entrada al castillo es gratuita, y en su interior alberga una gran cantidad de edificios para ver, entre los cuales se encuentra la catedral y algunas basílicas. Después de comer, haciendo tiempo hasta las 20.00h que llegaba el bus, encontramos el famoso dulce de Praga, el Trdelnik, un rulo de hojaldre hueco, que puedes rellenar con nutella, canela, nata, etc y que no deja a nadie indiferente. Nos zampamos dos de chocolate =). A las 19:00h llegamos a la estación, fuimos a comprar porquerías para el viaje, y nos pusimos a hacer cola para coger dos sitios juntos en el polskibus, lo que conseguí porque entré la tercera tras muchos empujones... tras doce horas de sufrimiento, llegamos a Varsovia, y creo que nunca en la vida hemos deseado tanto tumbarnos en el sofá cama que nos da cobijo este año en nuestro apartamentillo polaco. Fin del viaje: 9.30 del 1 de Noviembre de 2011








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